Gasté una gran parte de mi vida en el armario o closet espiritual. Estoy contenta de que, hoy, estoy afuera.

Como hija de un sanador espiritual, crecí en una casa no tradicional. En lugar de tener un médico de familia, mi madre nos curaba con oraciones y afirmaciones. Las curaciones milagrosas, las apariciones de ángeles, y las manifestaciones maravillosas fueron partes continuas de mi infancia.

Sin embargo, rápidamente aprendí que no era “seguro” discutir nuestro estilo de vida familiar cuando iba a la escuela o a casas de amigos. Los otros niños hacían burla de mí, ponían los ojos en blanco, o aún se reían por mis creencias y prácticas espirituales.

Parecería que los iguales de mi infancia estuvieran firmemente atrincherados en la mente establecida del mundo material. Esta mente establecida es la creencia de que somos víctimas de las circunstancias exteriores, de las enfermedades, y de otras personas. Esta mente establecida es la creencia de que Ud. debe competir para salir adelante en el mundo, porque no hay suficientes bienes para todos. Esta mente establecida es también la creencia de que la otra gente y Dios están separados unos de los otros.

Así que cuando hablaba acerca de los principios de la manifestación o la curación espiritual, recibía recepciones frías como el hielo. Esto no tenía sentido para mí al principio. Después de todo, pensé que ellos gozarían aprendiendo cómo usar sus mentes para crear vidas más pacíficas y armoniosas. Sin embargo, pronto se tornó en evidente que estos principios espirituales estaban demasiado lejos de ellos para que consideraran usarlos.

Así fue como me fui a mi armario o closet espiritual. Mantuve mi boca cerrada, y algunas veces, me fui con la multitud. Cuando la gente discutía cómo era de “terrible” o cómo era de “injusta” la vida, yo solemnemente movía la cabeza en acuerdo. Al irme en acuerdo con esto, estaba aceptando dispuestamente y pronto llegué a ser bastante popular. Después de un tiempo, empecé a desarrollar una forma de amnesia acerca de mis creencias espirituales. Hablaba menos de ellas en casa, y gradualmente adopté la mente material establecida del mundo.

Me estuve en el armario espiritual hasta que una serie de experiencias profundas de la edad adulta, las cuales he escrito en mi libro, El Sendero del Trabajador de la Luz (“The Lightworker’s Way”), me ayudó a recordar los principios espirituales y las creencias de mi infancia. Al tiempo que estos eventos ocurrieron, era una psicoterapista con una práctica privada exitosa. Rara vez hablaba acerca de mi espiritualidad durante mis sesiones, a causa de los residuos de miedos de mi infancia de que otros me rechazaran por mis creencias.

Sin embargo el mundo del espíritu hizo claro que era importante para mí enseñar acerca de la espiritualidad en mi práctica de curación, tan bien como en mis libros y talleres. Me sentí muy intimidada. De un lado, definitivamente quería enseñar acerca de la espiritualidad e incorporar los principios de curación espiritual en mi práctica privada. Pero de otro lado, tenía terror de que si tomara este riesgo, perdiera todo: mi entrada económica, mi reputación, mis amigos, y mi familia.

Después de bastantes discusiones con Dios, los ángeles, y algunos maestros ascendidos, finalmente opté por salir del armario espiritual. Al principio, salí en puntillas del closet. Por ejemplo, mencionaba a Dios en una comentario de pasada, o le enseñaba a un cliente los principios básicos de la manifestación o de la curación espiritual. Siempre estaba apuntalada para que se cayera el cielo sobre mi cabeza en respuesta a mi candor acerca de mi espiritualidad. Sin embargo, encontré que otras personas positivamente abrazaban mis palabras y me preguntaban por más detalles sobre mis creencias y prácticas.

Dentro de un par de años estaba plenamente fuera del armario espiritual. El sentimiento de libertad de no más censurar mis palabras era delicioso. Hoy abiertamente le digo a los taxistas quienes me preguntan qué hago para vivir que escribo libros sobre ángeles, y fácilmente discuto principios de manifestación con el dependiente de una tienda de abarrotes o los cajeros del banco. Por supuesto, uso mi discernimiento para conocer qué tan lejos debo ir en estas discusiones. También continuamente pido guía divina con respecto a qué decir, con quién, y cuándo.

Encuentro que casi todos los que conozco son abiertos a discutir la espiritualidad. Quizás es porque pueden notar que no tengo una agenda para persuadirlos a mi manera de pensar. No soy una predicadora, después de todo. Soy una Trabajadora de la Luz quien desea esparcir amor y luz a través del mundo. Y hacemos eso, no a través de argumentar los puntos finos de los principios espirituales, sino modelando una amante y pacífica naturaleza en nosotros mismos.

En mis viajes le hablo a mucha gente quienes están todavía en el armario espiritual. Ellos quieren hablar abiertamente acerca de la espiritualidad, pero temen las repercusiones sociales. Pienso que nosotros podemos usar medios sutiles para esparcir amor y luz, y no obstante, para asegurar una recepción positiva. De hecho, la parte más importante de la enseñanza de los principios espirituales es asegurarse que caminamos como hablamos. Si Ud. discute paz, asegúrese de que Ud. mismo está centrado en la paz.

Podemos también hacer cosas divertidas tales como usar broches de ángeles, y joyas o ropas que muestran un tema espiritual. Podemos llevar una copia de un libro espiritual con nosotros, como un tópico de conversación. Podemos salpicar nuestras discusiones con palabras de orientación espiritual, y usar sin miedo frases que son positivas y llenas de luz.

Somos hijos de un Creador quien continuamente emite hacia afuera mensajes de amor. Nuestro Creador no edita o censura estos mensajes por miedo de que alguien podría no estar listo para escucharlos, o por una inquietud de corrección política. Dios simplemente emite mensajes, sabiendo que quien los necesita los recibirá. ¿No se preguntan por qué nuestro impulso natural es hacer lo mismo?

A medida que salimos de nuestro armario espiritual, no sabemos nunca cuántas vidas de personas podemos afectar positivamente. Nuestro comentario improvisado acerca de los ángeles, el orden Divino, o la manifestación podría disponer a la otra persona en un sendero espiritual que le cambie la vida. Si no están listos para “oír” verdades espirituales, simplemente los sacan de su sintonía. En cualquier forma, hemos venido del auténtico lugar de hablar nuestra verdad desde nuestro corazón. Y esa está entre las más grandes libertades que podamos alguna vez conocer.

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